Ascensión Morillas, hija predilecta de El Valle por sus 100 años de lucha y amor por la vida

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Es la primera persona del municipio en alcanzar un siglo de vida, desde que se tiene constancia

Con motivo de la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el Ayuntamiento de El Valle ha querido reconocer la lucha incesante de las mujeres a lo largo de la historia en la figura de Ascensión Morillas Fernández, primera persona del municipio en alcanzar los 100 años de vida, desde que se tenga constancia.

Sin duda, un merecido homenaje que esta vecina del municipio ha recibido rodeada de su familia en un pleno especial celebrado en el Consistorio. Un homenaje que, a su vez, honra a todas aquellas mujeres que directa o indirectamente contribuyeron con su trabajo, esfuerzo y, en muchos casos con sus vidas, a la defensa del feminismo, de la igualdad y de sus derechos. Y a todas las que hoy lo siguen haciendo.

El homenaje también reconoce un acontecimiento destacable en la vida municipal, ya Ascensión Morillas, nacida el 9 de marzo de 1917, es la primera persona del municipio que ha llegado a cumplir un siglo de vida, desde que se tiene constancia. En reconocimiento a toda una vida en el pueblo, reconocimiento extensible a todos nuestros mayores y a todas las mujeres, se le ha nombrado como Hija Predilecta de El Valle.

Ascensión no ha tenido una vida fácil. Hija de Serafín y Dolores, es la tercera de seis hermanos y representa a toda una generación de mujeres trabajadoras y dedicadas al servicio de su familia. Estuvo en el colegio hasta los 9 años y aprendió a leer y escribir perfectamente. Sus padres se dedicaban a la agricultura. Todavía era una niña cuando la llevaron a las cañas a Motril a cuidar de su padre y hermano mayor mientras ellos trabajaban. Ha trabajado mucho en el campo, sirviendo en las casas donde la llamaban y cuidando niños. También trabajó en la fábrica de tomate y fue partidora de almendras.

El 30 de julio de 1945 se casó con Jerónimo Márquez Márquez, un matrimonio que dio como fruto a cuatro hijos. Siguió trabajando en el campo y en una taberna que pusieron. Quedó viuda a los 51 años, por lo que ha luchado mucho para sacar adelante a sus cuatro hijos, lidiando con el trabajo en la taberna y las labores del campo.

Y sigue siendo una mujer muy luchadora que, después de haber vivido una guerra y tiempos muy difíciles, siempre ha tirado para adelante superando los golpes sin rendirse. Luchar y vivir siempre ha sido su lema.