Población y Actividad
as gentes de El Valle son personas sencillas, abiertas y solidarias. La población presenta una pirámide cada vez más envejecida, y con un aumento de inmigrantes extranjeros. El Padrón Muncipal de habitantes de 2008, cifra la población de El Valle en 1163 habitantes. El tramo comprendido entre 0 y 20 años es de 13,50 mientras que la población mayor de 65 es 31,30, lo que indica un elevado envejecimiento.
La sangría demográfica que afectó al municipio llegó a ser alarmante en la segunda mitad del s. XX, debido al atractivo que ofrecían las zonas desarrolladas de España y la apertura de las fronteras europeas. En el municipio y en la mayoría de los de alrededor la población sigue siendo regresiva en la actualidad.
La mujer mantiene aún los roles tradicionales de ama de casa y trabaja en la economía sumergida, aunque su participación ciudadana es cada vez mayor, lo que está creando una nueva mentalidad y estilos de vida.
Según el Padrón Municipal, en El Valle residen empadronados más de 70 extranjeros procedentes de la Unión Europea, especialmente del Reino Unido. Su actividad profesional y modo de vida se centraliza en “la compraventa de vivienda, su restauración y a diversos trabajos de autónomos .
Caminamos hacía un Valle multicultural y multiétnico que, sin duda, nos enriquecerá a todos.
Aunque la economía del municipio tiende a diversificarse, todavía las actividades agrarias ocupan un lugar relevante y contribuyen a la pluralidad de paisajes geográficos. Las zonas bajas de clima cálido, han sido ocupadas por los agrios que desde Béznar se extendieron a toda la comarca, dotando a su paisaje de una original belleza y colorido. Se cultivan asociados con los olivos, frecuentemente centenarios, que protegen a naranjos y limoneros de los fríos vientos del norte y los resguardan de las heladas.
Las tierras de secano se han dedicado tradicionalmente al cultivo extensivo de cereales, leguminosas y viñedo, que vuelven a tener cierta importancia depués de graves daños ocasionados por la filoxera en el s. XIX.
Desde hace décadas se está extendiendo en los secanos y laderas de los cerros el cultivo del almendro, que se adapta perfectamente a las condiciones climáticas y a la mayor parte de los suelos, eriales y zonas de matorral. Sus flores, que parecen competir con la blancura de la Sierra, ponen una nota de alegría y optimismo en los terrenos áridos de la comarca.